En mi búsqueda de retratos coloniales, me encontré con un tipo de retrato que me interesó particularmente. Se trata del retrato de monjas coronadas. Estos retratos son imágenes de jóvenes que entrarían al convento, de ellas se guardaba un retrato conmemorativo. Esto ocurría el día en que vestían por primera vez su hábito, para que la familia las recordase[1]. En la época colonial el destino de las mujeres tenía dos direcciones irremediables: una de ellas era el matrimonio y otra el convento. Dentro de estas dos opciones, la mayoría de las mujeres se casaban y se dedicaban a criar a sus hijos, sólo un pequeño grupo optaba por la vida en el convento. Sin embargo, la vida conventual no abierta a toda mujer que quisiera. Esta vida sólo fue posible a un número muy limitado.
Las primeras monjas en América se dedicaron a la enseñanza y a servir de modelo de vida virtuosa a las mujeres indígenas[2]. Por su parte, a las mujeres indígenas se les negó entrar a una orden religiosa a causa de su falta de preparación espiritual. Esta política estuvo vigente hasta los siglos XVI-XVII. Desde la fundación del convento de Nuestra Señora de
Las ciudades y
“centros de edificación moral y religiosa, y a las mujeres que profesaban, como seres piadosos desinteresados, dedicados a la más elevada forma”[3]
El mundo religioso y en especial las religiosas, eran objeto de admiración, reverencia y alabanza. Además, por su parte, las mujeres enclaustradas tenían como regalías, no sólo la protección y satisfacción religiosa, sino que también educación. Los conventos de igual forma, no fueron solamente centros de espiritualidad, estaban vinculados social y económicamente con la elite colonial, de la cual procedían muchas religiosas, y que se apoyaban del punto de vista moral y económico[4].
En los retratos que revisé sobre estas monjas coronadas, me encontré con varias tipificaciones. Por ejemplo todas tienen en dentro del cuadro un apartado donde aparece su nuevo nombre como religiosa, su procedencia, el nombre de sus padres y la fecha exacta en que toma los hábitos. La representación de las monjas, se da en dos formatos: de cuerpo completo donde, obviamente, ella es la figura central, además de estar acompañada por una basta indumentaria que tiene concordancia con su hábito, con su nuevo nombre y su nueva vida. El otro formato es busto, como se dio en los primeros grabados españoles, que se extrapolaron en los grabados de libros en América, en este tipo de formato las nuevas religiosas tienen igual numero de ornamentación en sus vestimentas e indumentaria, y causa un efecto visual de pomposidad y exacerbamiento de sus santos votos. Los colores que se utilizan para la representación de monjas, siempre son más bien sobrios, oscuros, contraponiéndose con las imágenes tan iluminadas de
[1] Rostros mestizos en el retrato Iberoamericano: http://www.seacex.com/documentos/america_mestiza_13_rostros.pdf.
[2] Leslie Bethell, ed. Historia de América Latina, Editorial Crítica, Barcelona, 1990, p. 126
[3]Ibíd., p. 127.
[4]Ibíd., p. 128.


