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En mi búsqueda de retratos coloniales, me encontré con un tipo de retrato que me interesó particularmente. Se trata del retrato de monjas coronadas. Estos retratos son imágenes de jóvenes que entrarían al convento, de ellas se guardaba un retrato conmemorativo. Esto ocurría el día en que vestían por primera vez su hábito, para que la familia las recordase. En la época colonial el destino de las mujeres tenía dos direcciones irremediables: una de ellas era el matrimonio y otra el convento. Dentro de estas dos opciones, la mayoría de las mujeres se casaban y se dedicaban a criar a sus hijos, sólo un pequeño grupo optaba por la vida en el convento. Sin embargo, la vida conventual no abierta a toda mujer que quisiera. Esta vida sólo fue posible a un número muy limitado.
Las primeras monjas en América se dedicaron a la enseñanza y a servir de modelo de vida virtuosa a las mujeres indígenas. Por su parte, a las mujeres indígenas se les negó entrar a una orden religiosa a causa de su falta de preparación espiritual. Esta política estuvo vigente hasta los siglos XVI-XVII. Desde la fundación del convento de Nuestra Señora de la Concepción en México, entre los años 1540-1550, los conventos tuvieron una prolifera expansión, esto, a causa del rango que confería un convento en una ciudad, rango urbano y religioso. En el siglo XVII, existió una rápida expansión de las instituciones conventuales como las órdenes carmelitanas, franciscanas, agustinas y domínica, todas de procedencia española que se expandieron en nuestra América. En 1742, se funda en México un convento que estuvo destinado para las mujeres indígenas pertenecientes a la nobleza.
Las ciudades y la Corona consideraban los conventos como:
“centros de edificación moral y religiosa, y a las mujeres que profesaban, como seres piadosos desinteresados, dedicados a la más elevada forma”
El mundo religioso y en especial las religiosas, eran objeto de admiración, reverencia y alabanza. Además, por su parte, las mujeres enclaustradas tenían como regalías, no sólo la protección y satisfacción religiosa, sino que también educación. Los conventos de igual forma, no fueron solamente centros de espiritualidad, estaban vinculados social y económicamente con la elite colonial, de la cual procedían muchas religiosas, y que se apoyaban del punto de vista moral y económico.
En los retratos que revisé sobre estas monjas coronadas, me encontré con varias tipificaciones. Por ejemplo todas tienen en dentro del cuadro un apartado donde aparece su nuevo nombre como religiosa, su procedencia, el nombre de sus padres y la fecha exacta en que toma los hábitos. La representación de las monjas, se da en dos formatos: de cuerpo completo donde, obviamente, ella es la figura central, además de estar acompañada por una basta indumentaria que tiene concordancia con su hábito, con su nuevo nombre y su nueva vida. El otro formato es busto, como se dio en los primeros grabados españoles, que se extrapolaron en los grabados de libros en América, en este tipo de formato las nuevas religiosas tienen igual numero de ornamentación en sus vestimentas e indumentaria, y causa un efecto visual de pomposidad y exacerbamiento de sus santos votos. Los colores que se utilizan para la representación de monjas, siempre son más bien sobrios, oscuros, contraponiéndose con las imágenes tan iluminadas de la Virgen. Son recurrentes los elementos como el candelero, la imagen del niño Jesús y por sobretodo las flores, como un signo de pureza. El retrato de las monjas es frontal, pero en ocasiones no miran hacia el espectador. Hay una distinción entre los retratos de mujeres indígenas y mestizas. Su color de piel las diferencia, además de sus ornamentos. Un elemento que me llamo la atención fue la caracterización entre las mujeres, la individualización de sus rostros, a pesar de que sus vestimentas fueran de corte similar, sus rostros denotan un trabajo en captar la esencia y el temperamento, para así distinguir a cada una.

Sor María Antonia de la Purísima concepción

Sor María Bárbara del Señor San José

Sor María Engracia Josefina del Santo Rosario