sábado, 18 de julio de 2009

Grupo Montparnasse y Jean Emar.


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La década del 20 estuvo marcada por la consolidación de la clase obrera, creación del partido comunista, consolidación económica en el país y la aparición de una clase media ilustrada. Dentro del ámbito artístico hay una ruptura con la academia y el gusto afrancesado. Durante este periodo hubo un interés por introducir las vanguardias y el modernismo artístico. En Brasil se inaugura la semana del arte moderno (1922), buscando escandalizar a la burguesía afrancesada. Las artes nacionales estuvieron marcadas por la llegada de Álvarez de Sotomayor, en 1908 contratado como director de la Academia. Cambia la influencia de la pintura francesa por la española con el modelo de Goya y Velázquez que trae este nuevo director. Este artista enfatiza el trabajo de la escena costumbrista y tipos populares. De su tutoría surge la Generación del 13, la Generación del centenario, Este grupo se caracteriza por un tono nostálgico, hasta melancólico en sus trabajos. La mayoría de los artistas pertenecientes a esta generación son de clases sociales más bajas, comparten los talleres y toman como modelo a representar su propio entorno. Aún acá, donde los elementos formales son notoriamente más libres que en los comienzos de la academia, el tema subyuga a la razón plástica.

La liberación de las artes plásticas en Chile fue paulatina, hasta la llegada radical del Grupo Montparnasse. El panorama internacional en las artes distaba mucho del tipo de artes que aún eran valoradas en Chile. En nuestro país, en el salón oficial, aún eran premiadas obras que tenían facturas tradicionales, y las nuevas tendencias pictóricas no habían sido bien recibidas todavía. La llegada de Montparnasse reactiva las artes plásticas. Este grupo busca la modernidad asociada a la idea de la construcción (composición, solidez de la pintura, importancia de la línea). Todas las problemáticas que giran en torno al trabajo de este grupo de artistas están vinculadas con la pintura misma, y no con temas fuera de ella. En su pintura se ven reflejadas tres corrientes: el constructivismo plástico cezaneanno, el neo-impresionismo y el fauvismo, sin ser ni impresionistas y fauves. Toman elementos para poder desarrollar sus obras de arte. Su maestro espiritual Juan Francisco González, fue el primer artista que dentro de las artes nacionales, se atreve a incursionar en las posibilidades plásticas de la pintura, autonomizándo su función.

El grupo Montparnasse se forma en París, en el año 1922, los artistas que participaron de él, en una primera instancia fueron: Luís Vargas Rosas, Henriette Petit, Julio y Manuel Ortiz de Zárate y José Perotti. Tomaron el nombre del barrio parisino que en aquellos años fue considerado un centro artístico. Un punto culminante dentro de la creación del grupo fue su viaje a Europa con motivo del Salón de Otoño, y conocen a Juan Gris, y las vanguardias de la época. Esto fue decisivo para, además de dar en cuenta el atraso con respecto al resto de las artes europeas, un interés por la renovación plástica y por la inclusión del modernismo artístico en Chile. Su primera exposición se realiza en el círculo de periodistas, en la sala “Rivas y Calvo” el año 1923. A pesar de ser un grupo, su trabajo plástico no es uniforme, y los que los une principalmente es la ruptura con la pintura tradicional, la autonomía y la ausencia mimética en sus obras. El grupo Montparnasse se opone a la enseñanza de la Escuela de Bellas Artes, no fueron exhibidos en el salón oficial y su financiamiento no viene del Estado, sino de particulares, como el diario La Nación. Por ello, son considerados como los precursores de un movimiento modernista en nuestro país, por su tarea renovadora y principalmente, por la idea de un arte por el arte, la independencia del gesto del artista y la valoración de esta. Así como Rubén Darío habla de la poesía como un espíritu nuevo, esa constante modernista se extrapola a las artes visuales como vemos en este grupo. Además, como en la literatura, el Grupo Montparnasse demuestra una exigencia de su época, una exigencia por una puesta al día, y por una autonomía del arte.

Al grupo Montparnasse se le une el pintor y crítico Jean Emar. Rescato la imagen de Emar, pues surge a su vez, como un renovador de la crítica chilena. Jean Emar viene de la alta burguesía, pasa gran parte de su vida en Francia, fue amigo de personajes importantes en el ámbito artístico parisino. Conoció las vanguardias y sintió empatía con el Surrealismo[1]. Jean Emar critica varias cosas de la escena artística nacional: la inamovilidad de la Escuela de Bellas Artes, ataca el sistema de medallas y premiaciones del Salón Oficial y critica la crítica aficionada. Desde Notas de arte, sección que publica en La Nación desde 1923 hasta 1925, reformula todo el sistema del arte nacional. Dice que los artistas nacionales deberían relacionarse con artistas extranjeros, más que con profesores, deberían ver los cuadros. Desde sus Notas de arte, además inicia un trabajo de divulgación de las vanguardias pictóricas europeas, que sirven también para una puesta al día del arte internacional. Con un lenguaje irónico e incisivo, Emar se dedica además de comentar las nuevas tendencias internacionales, a criticar duramente el entumecimiento de la escena artística nacional.

Jean Emar fue importante dentro del trabajo teórico para Montparnasse, y esquematiza los fundamentos estéticos del grupo[2], así este grupo es uno de los primeros que tiene algo así como un ”manifiesto” donde se rectifica este interés por la modernidad, por el modernismo artístico y por la renovación de la tradición pictórica nacional. El artista ya no es un productor de indistinto de arte, se preocupa por difundir sus ideas.



[1] Álvarez de Araya, Guadalupe. La recepción de las vanguardias en Chile a través del grupo Montparnasse. 1923-1935 (aporte a una historia de la crítica de la pintura en Chile). Tesis de grado para optar al título de Magíster en Teoría e Historia del Arte por la Universidad de Chile. Santiago, 1995. p. 71.

[2] Anti academicismo, anti naturalismo, anti realismo, ausencia de un estricto estilo plástico, arte vigoroso. Libertad y espíritu lírico para crear, Leyes propias de espacio y tiempo en el arte, y no repetir ni copiar a los maestros.









Ortiz de Zárate, Manuel- Naturaleza muerta con guitarra


Ortiz de Zárate, Manuel- Naturaleza muerta con guitarra


Mori, Camilo-la viajera


Petit, Henriette- Dos desnudos

martes, 14 de julio de 2009

Las artes en Chile y la Academia de Bellas Artes


La Academia de Artes es un sistema de enseñanza, creación y difusión artística. En Chile fue asociada a la monarquía francesa, toma por lo tanto, el modelo francés transplantado en América Latina. Las primeras Academias surgen en Italia (Cosme de Medicci y la Academia de Dibujo). Esta invención italiana se expandió al resto de Europa, en Francia surge como una necesidad de beneficio ante los gremios de maestros pintores y su objetivo final fue resaltar la imagen del Rey Luís XIV. En las primeras academias de Europa implantaron una jerarquización de los géneros, el más importante fue el retrato y la pintura histórica, luego las escenas mitológicas, las escenas bíblicas, la antigüedad clásica, el paisaje, la miniatura, bodegones y naturaleza muerta fueron considerados un arte menor. El arte académico en sus comienzos estuvo asociado a los principios clásicos de orden, claridad y mesura. La función de la pintura a través de la Academia fue representar la realidad en una superficie plana, mimética. Al pintor se le exigía gran rigurosidad en su trabajo plástico. La revolución francesa llega a abolir las instituciones monárquicas.

En Chile la institucionalidad se funda en el modelo francés derivado de la Revolución Francesa. En la época post independentista, como sabemos, fue imperante la construcción de una idea de “Nación”, libre de las imposiciones españolas en nuestro caso como país, donde se desarrollara Chile como un territorio autónomo, capaz de valerse por sus propios principios e ideales. Por ello fue la educación de los habitantes fue uno de los puntos fundamentales en los nuevos regimenes políticos, pues los hombres y mujeres que nacieran de este nuevo sistema educativo, serían el reflejo de esta nueva nación libre. Con este fin de educar a mayor cantidad al país, se crearon reformas que apuntaban a una enseñanza completa de quienes futuramente lo guiarían. No obstante, este régimen educativo no contemplaba las artes en un comienzo. Por ello, fue importante el día 4 de Enero de 1849, al decretarse la creación de una Academia de Bellas Artes. Como director de la nueva Academia fue traído el italiano Alejandro Cicarelli (1811-1879), quién viaja desde Brasil donde trabajaba como retratista. Antonio Romera considera que este artista fue inflexible ante su ideal estético, sin permitir que los alumnos siguieran un camino señalado por su propia sensibilidad[1], además lo consideraba como un artista con aspiraciones anacrónicas en cuanto a su trabajo pictórico y estaba más interesado en mostrar sus propias creaciones que en educar a los alumnos de la Academia. Romera considera también que no fue un gran compositor ni colorista. Sus fundamentos plásticos estaban centrados en los ideales clásicos. Sus ideas estéticas se ven claramente reflejadas en el discurso[2] que pronunció para la inauguración de La Academia de Bellas Artes. El artista comienza su discurso refiriéndose a como en todo orden de cosas, el arte también tiene un inicio, un desarrollo y una decadencia. Así Cicarelli va relatando de forma sucinta la Historia del Arte según su perspectiva. Pero se detiene con esmero en el arte clásico. Resalta lo impecable de la proporción y belleza de los maestros clásicos. Cicarelli cree que el arte, debe ser regido por estos cánones, por lo tanto debemos inferir, que el tipo de arte que será imperante en el primer periodo de la Academia, estará bajo estas ideas estéticas. Cicarelli además, se interesa por el dibujo preciso, la paleta cromática contenida y no pasional y, por un claro interés por lo mimético. Uno de los puntos más interesantes en el trabajo de Cicarelli, y en lo que luego llevará a la práctica en las aulas de la Academia de Bellas Artes, es la función del arte. El italiano piensa el arte como funcional, el artista, al igual que el héroe patrio, debe hacer lo suyo por su país. El artista debe ensalzar las hazañas del héroe, así las artes plásticas están subyugadas a una labor específica y no tiene una autonomía total ante los temas que pinta y la forma de resolverlas pinturas. La Academia de Bellas Artes dio la posibilidad de una status social distinto al artista, ya que la labor artística fue tan importante como la del mártir patrio.

Los objetivos planteados por La Academia, en el decreto de fundación, están contemplados los cursos de dibujo, anatomía humana, mitología y atributos de divinidades. Pues como Cicarelli menciona en su discurso, los nuevos artistas deben conocer las pautas plásticas y los cánones de los clásicos, para representar perfectamente las glorias patrias. Esta enunciación nos da en cuenta una serie de cuestiones, una de ellas es el tipo de educación artísticas que tendrán los artistas chilenos como profesionales, en los comienzos de La Academia; la función del artista en la sociedad; que el arte que se esta produciendo en esta época, es un arte académico, neoclásico, dependiente de un tema mayor que es la representación histórica.

El artista que siguió en la dirección de La Academia de Bellas Artes en nuestro país, fue Ernesto Kirchbach (1832-1880), al parecer, no tuvo mayor influencia ni cambio en la estética académica. Siendo alemán, se regía también por una formación académica de su país, Romera habla de él como un artista que se regía por un fuerte subjetivismo de raíz medieval, además de ser frío en su trabajo plástico, pues no admitía cromatismo cálido[3]. Le sigue el florentino Juan Mochi (1831-1892), caracterizado pro Romera como pobre en coloridos, falta de sensibilidad y se queda en un naturalismo acromado y seco, dibujo correcto atado a las apariencias inmediatas. A pesar de las apreciaciones negativas que podemos ver en la crítica de Romera, hacia el trabajo plástico de Mochi, como director de la Academia entre los años 1876-1892, se preocupó, a diferencia de Cicarelli, de promover el trabajo de los alumnos. Comienza a liberarlos de las fórmulas estéticas. Incita el cambio de tema, desde un tema histórico, mitológico, Mochi invita a sus discípulos a observar el paisaje. Por lo tanto, este tercer director, marca de alguna forma la primera liberación plástica. Recordemos que Juan Mochi fue maestro de Juan Francisco González, personalidad importante dentro de la escena nacional, que se destacará por sus paisajes y por su trabajo con la materia pictórica.

Cosme San Martín (1850-1905) fue el primer director chileno de la Academia. Como podemos observar en sus obras de arte, se dedicó cuidadosamente a un trabajo mimético exacto. Su trabajo con las materialidades, con la transferencia de los ropajes, la luz, la piel. Lleno de detalles, sus cuadros no muestran interés por una autonomía plástica, más bien es el reflejo de un trabajo que desea mostrar algo más que una simple pintura. Trata de representar un momento, valiéndose de la pintura para hacerlo. Nuevamente vemos relegado el tema de la autonomía plástica, y el academicismo sigue ganando terreno. La llegada de Pedro Lira (1845-1912) a la Academia no cambia el panorama artístico. Es indiscutible su labor como docente y su gran aporte al arte nacional, pero con Lira aún estamos en presentación de un arte que se subyuga como una tarea complementaria. Pedro Lira fue considerado un gestor cultural de la época, por ello lo consideramos importante. Sin embargo, en tanto a su tarea plástica, no podríamos considerarlo como innovador. Discípulo de Cicarelli vemos en el trabajo de Lira una mayor precisión en el dibujo, un dominio de la paleta cromática y una transferencia de la materialidad admirables, sin embargo sigue pintando de la manera tradicional, hecho que no ayuda a un desarrollo del quehacer plástico, ni fomenta a una reflexión de la labor del artista como tal.

La llegada de Virginio Arias a la dirección de la Escuela de Bellas Artes (ya no Academia) marca un quiebre. Arias fue escultor, a diferencia del resto de los directores que fueron pintores. Su llegada a la Escuela, en 1900, coincide con el cambio de siglo, y además con el cambio de la elite social, como sabemos, la ascensión de la clase media. Virginio Arias además proviene de la clase media. Fue discípulo de Nicanor Plaza. Uno de los trabajos escultóricos más importantes y reconocidos de Arias es “La Araucana”, esto connota un interés por lo propio, por sus raíces y un importante cambio en el foco de interés que antes se desarrollaba dentro de las escenas históricas, míticas, alegorías, etc. Virginio Arias trajo consigo varios cambios dentro de la Escuela de Bellas Artes. Entre algunos de los cambios de Arias encontramos la separación de los talleres en sección de hombres y de mujeres., la anexión de las Escuela de Bellas Artes al Museo de bellas Artes, el taller de escultura práctica y la división de las artes que enseñaban en la Escuela entre “arte puro” y “arte aplicado”. Con el interés de Arias por las artes industriales, y no tan sólo por un arte utópica, con funciones románticas, se marca lo que serían las bases de un arte moderno. En esta época, la Historia del arte da un giro, pues los artistas van entendiendo su hacer dentro de un campo propio. Acercándose a una autonomía y razón plástica.

De los artistas nacionales, podemos rescatara ciertamente a los cuatro maestros que clasifica Antonio Romera, y que con el tiempo se ha refirmado este enunciado entre el círculo del arte del nuestro país. Pero más allá de nombrar y desarrollar la vida y obra de Pedro Lira, Valenzuela Puelma, Valenzuela Llanos, me interesa hacer un énfasis en la labor artística de Juan Francisco González, pues considero que marca un tipo de pintura independiente de La Academia. Juan Francisco González no tuvo grandes preocupaciones teóricas, en 1888 viaja a París, viaje que marcará ciertamente su trabajo pictórico. Su trabajo plástico posibilitó la renovación artística del país. Cree en un arte espiritual más que teórico. González capta las sensaciones coloristas, y su factura de paisajes esta emparentada con los impresionistas, sin serlo de forma tal. Trabaja a plein air, donde puede captar de forma inmediata las impresiones recibidas en al retina, llevándolas a la tela. Juan Francisco González tiene una preocupación plástica y matérica. No hay un tema definido, pues ya no le interesa retratar el paisaje nacional, los paisajes son anónimos, les resta interés pues su importancia se fija en la pintura. Es decir, que González toma el paisaje como un modelo donde puede ejercitar su trabajo plástico y no como un modelo a copiar miméticamente, donde ensalce la cordillera o el mar chileno. Trabaja en pequeños formatos de cartón, tipo apunte. Su trazo es característico, grueso y evidencia la pincelada. Crea una pintura plana, bidimensional, alejándose de la atmósfera y la perspectiva. Todos estos puntos mencionados anteriormente, dan en cuenta la incorporación de las enseñanzas de la vida moderna al arte nacional. Dan un primer paso a un arte por el arte.



[1] Véase Historia de la pintura chilena por Antonio Romera, apartado que se refiere a la apertura de la Academia.

[2] Discurso de apertura de la Academia de Bellas Artes, Santiago, 1849.

[3] Romera, Antonio A. Historia de la pintura chilena. Editorial Pacífico, Santiago, 1951.

sábado, 11 de julio de 2009

Algo de cine...

Uno de los cineastas que recomiendo es Jan Svankmajer, sobretodo sus cortometrajes que son pequeñas obras de arte; irónicas, encantadoras y perversas. Svankmajer trabaja con virtuosismo el stop motion, inspirando a otros cineastas como los Hermanos Quay, los cuales también trabajan de forma prolija este tipo de animación.

No pude subir los videos, pero les dejo los enlaces. Estos son cortometrajes que no ceso de observar y admirar, y me brinda horas de entretención y risas.

Enjoy it.



Meat Love:




Dimensions of dialogue, part 2:







Food:

lunes, 6 de julio de 2009

Monjas coronadas

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En mi búsqueda de retratos coloniales, me encontré con un tipo de retrato que me interesó particularmente. Se trata del retrato de monjas coronadas. Estos retratos son imágenes de jóvenes que entrarían al convento, de ellas se guardaba un retrato conmemorativo. Esto ocurría el día en que vestían por primera vez su hábito, para que la familia las recordase[1]. En la época colonial el destino de las mujeres tenía dos direcciones irremediables: una de ellas era el matrimonio y otra el convento. Dentro de estas dos opciones, la mayoría de las mujeres se casaban y se dedicaban a criar a sus hijos, sólo un pequeño grupo optaba por la vida en el convento. Sin embargo, la vida conventual no abierta a toda mujer que quisiera. Esta vida sólo fue posible a un número muy limitado.

Las primeras monjas en América se dedicaron a la enseñanza y a servir de modelo de vida virtuosa a las mujeres indígenas[2]. Por su parte, a las mujeres indígenas se les negó entrar a una orden religiosa a causa de su falta de preparación espiritual. Esta política estuvo vigente hasta los siglos XVI-XVII. Desde la fundación del convento de Nuestra Señora de la Concepción en México, entre los años 1540-1550, los conventos tuvieron una prolifera expansión, esto, a causa del rango que confería un convento en una ciudad, rango urbano y religioso. En el siglo XVII, existió una rápida expansión de las instituciones conventuales como las órdenes carmelitanas, franciscanas, agustinas y domínica, todas de procedencia española que se expandieron en nuestra América. En 1742, se funda en México un convento que estuvo destinado para las mujeres indígenas pertenecientes a la nobleza.

Las ciudades y la Corona consideraban los conventos como:

“centros de edificación moral y religiosa, y a las mujeres que profesaban, como seres piadosos desinteresados, dedicados a la más elevada forma”[3]

El mundo religioso y en especial las religiosas, eran objeto de admiración, reverencia y alabanza. Además, por su parte, las mujeres enclaustradas tenían como regalías, no sólo la protección y satisfacción religiosa, sino que también educación. Los conventos de igual forma, no fueron solamente centros de espiritualidad, estaban vinculados social y económicamente con la elite colonial, de la cual procedían muchas religiosas, y que se apoyaban del punto de vista moral y económico[4].

En los retratos que revisé sobre estas monjas coronadas, me encontré con varias tipificaciones. Por ejemplo todas tienen en dentro del cuadro un apartado donde aparece su nuevo nombre como religiosa, su procedencia, el nombre de sus padres y la fecha exacta en que toma los hábitos. La representación de las monjas, se da en dos formatos: de cuerpo completo donde, obviamente, ella es la figura central, además de estar acompañada por una basta indumentaria que tiene concordancia con su hábito, con su nuevo nombre y su nueva vida. El otro formato es busto, como se dio en los primeros grabados españoles, que se extrapolaron en los grabados de libros en América, en este tipo de formato las nuevas religiosas tienen igual numero de ornamentación en sus vestimentas e indumentaria, y causa un efecto visual de pomposidad y exacerbamiento de sus santos votos. Los colores que se utilizan para la representación de monjas, siempre son más bien sobrios, oscuros, contraponiéndose con las imágenes tan iluminadas de la Virgen. Son recurrentes los elementos como el candelero, la imagen del niño Jesús y por sobretodo las flores, como un signo de pureza. El retrato de las monjas es frontal, pero en ocasiones no miran hacia el espectador. Hay una distinción entre los retratos de mujeres indígenas y mestizas. Su color de piel las diferencia, además de sus ornamentos. Un elemento que me llamo la atención fue la caracterización entre las mujeres, la individualización de sus rostros, a pesar de que sus vestimentas fueran de corte similar, sus rostros denotan un trabajo en captar la esencia y el temperamento, para así distinguir a cada una.


[1] Rostros mestizos en el retrato Iberoamericano: http://www.seacex.com/documentos/america_mestiza_13_rostros.pdf.

[2] Leslie Bethell, ed. Historia de América Latina, Editorial Crítica, Barcelona, 1990, p. 126

[3]Ibíd., p. 127.

[4]Ibíd., p. 128.








Sor María Antonia de la Purísima concepción




Sor María Bárbara del Señor San José



Sor María Engracia Josefina del Santo Rosario



domingo, 28 de junio de 2009

Tristania - Cure

En tu telaraña
los hilos se enredan
tu presa esta muerta
teñida con silencio
me quedaré contigo para siempre
me arrodillaré a tus pies
a tu voluntad
completamente silenciosa

Cuando me muevo
voy movida por ti
Cuendo riges
todo rige por ti
En tu mundo sólo riges tú
en mi mundo, sólo existes tú

En tu telaraña
los hilos se enredan
a tu voluntad
completamente silenciosa...


Tus palabras son escalofríos
que recorreren mi espalda
estoy paralizada , sin forma
en tu telaraña,
en tu telaraña,
mi sangre fluye lenta y roja como vino.
El pasado esta destrozado
por siempre.
Yo sirvo tu voluntad,
porque he sido magullada y golpeada,
y cubierta
porque he sido ordenada
como tu amante...




Fascinante letra de Tristania del disco Ashes...

Erotismo y prehistoria


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Venus de Willendorf











Tenemos cierta certeza al enunciar este interés por lo sexual y esta conciencia de las primeras civilizaciones con respecto a este tema por las innumerables Venus y representaciones gráficas que dejaron en distintas cuevas. En esta época podemos encontrar imágenes con motivos decorativos explícitamente sexuales, hay figurillas con forma de los órganos tanto femenino como masculino o derivaciones de sus formas. Ya en el Paleolítico superior observamos una distinción entre sexo y género, por lo tanto, una diferenciación entre lo masculino y femenino. El arte mobiliario en la época del Paleolítico da en cuenta una serie de figurillas con notable contenido sexual. La representación del cuerpo femenino y de sus atributos nos deja entrever su interés por la anatomía y por la connotación que tenía la figura de la mujer. Recordemos las Venus del periodo auriñacienses, la tan mítica Venus de Willendorf y quizás cuantas otras que nunca conoceremos, pues el tiempo ya ha hecho de las suyas o simplemente han desaparecido. Detengámonos en la imagen de la Venus, observémosla detenidamente y miremos como nuestros antepasados dedicaron especial atención a sus pechos, representándolos en grandes dimensiones, resaltando toda la significancia que éstos conllevan. Nuestros antepasados del paleolítico y neolítico representan el cuerpo femenino como un recipiente mágico. Seguramente observaron su cuerpo como un contenedor y sustentador de vida, la leche que emanaba de sus pechos para alimentar a los recién nacidos, además de la capacidad misma de traer desde su cuerpo otros seres al mundo e indudablemente y, el tema que más nos compete en este trabajo, la capacidad de estas mujeres de lograr la erección del órgano sexual masculino y su capacidad para dar placer. Por todo esto, la mujer en los comienzos de la historia, fue una figura determinante en los cultos sagrados.

Además de la presencia de la mujer como una maravilla ante los placeres sexuales, la unión física entre mujer y hombre como fuente de vida, amor y placer, era tremendamente celebrada. Estas primeras celebraciones tenían claras connotaciones míticas y religiosas. Nuestros antepasados conmemoraban estas actividades placenteras dotándolas de significado divino. Tomando las palabras de Bataille debemos reconocer en este primer periodo de la humanidad, una conciencia de muerte que fortaleció indudablemente la idea de vida, placer y fertilidad, perpetuando y resistiéndose al final de sus días.

No podemos obviar la conocida Cueva de Lascaux, lugar donde se perpetuán las primeras creaciones artísticas, mágicas. Arnold Hauser afirma que el hombre-artista en la época de la prehistoria, el autor de los dibujos en las cavernas, sería además un profesional, y representar estas criaturas en las paredes de las cavernas tendría una finalidad mágica[1]. Hauser dice que “las personas capaces de realizar estas representaciones se les considera dotadas de un poder mágico”[2], por lo tanto allí, en los más oscuro de las cavernas de Lascaux, había todo un rito misterioso y mágico, encabezado por el artista-mago que representaba al hombre con el órgano sexual erecto cazando a un gran bisonte. Las cuevas prehistóricas, más que lugares habitables parecían ser santuarios, en donde se realizaban ritos sagrados. De hecho en estos recónditos lugares se encontraron dibujos tallados con forma de “V”, que eran representaciones de vaginas y vulvas. Ahí en la génesis de las prácticas religiosas es donde se vincula la excitación; el éxtasis y lo sagrado. Ahí es donde el artista-sacerdote o mago, el sacrificio de los animales y el éxtasis ritual toman las primeras aristas de lo que se irá repitiendo a lo largo de los siglos, y que aún nos acompañará hasta nuestros días. Con todo esto reforzamos la idea de que lo masculino y femenino era considerado como una unión sagrada. Riane Eisler en su libro Placer Sagrado nos dice que en el periodo paleolítico era celebrada una deidad femenina, y la forma de acercarse a ella era mediante el sexo. Los ritos además pudieron tener una fecha específica como lo dice Riane Eisler en su libro:

“Es muy probable que en nuestra prehistoria haya habido ritos eróticos sagrados en ocasiones religiosas importantes como el regreso anual de la primavera a principios de mayo, donde la unión femenino y masculino, o de hombre y mujer, se celebraba como Epifanía o manifestación sagrada de los misteriosos poderes que dan y sustentan la vida”[3]

Por lo tanto, la unión masculino-femenino eran parte importante de los ciclos de la tierra y de la vida y su alianza eran parte de un sacramento. Lo que más nos impresiona, es que con el pasar del tiempo la religión cristiana haya ido desacralizando, y más aún, condenando las prácticas sexuales.


[1] Hauser, Arnold. Historia social de la literatura y el arte. Tomo I. Ediciones Guadarrama, Madrid, 1962, p. 35.

[2] Id.

[3] Eisler, Riane. Placer Sagrado, sexo mitos y la política del cuerpo, volumen 1. Cuatro vientos editorial, Chile, 1999, p. 56





viernes, 12 de junio de 2009

Religión, sadismo y erotismo en la imagen del mártir.




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San sebastían Martirizado.






La figura del mártir es emblemática cuando nos referimos al erotismo religioso, Para comprender la relación que existe entre erotismo, religión y sacrificio, primero debemos definir que estamos entiendo por mártir. Y no cualquier mártir, hablamos aquí del mártir cristiano.

El mártir es aquella persona que sufre una muerte para dar testimonio de una vida religiosa o, más aún, de una práctica que deriva de esa verdad. El martirio se relaciona con la profunda fe que tiene alguien, esa fe es totalmente incorruptible y su grado de apego a esta creencia hace que en ningún caso pueda negarla, siquiera estando ante una tortura física. La religión cristiana, como bien sabemos, delega la vida terrenal y los placeres físicos, pues lo único que asciende al cielo y, por ende, a Dios es el espíritu. Materia incorpórea que acompaña a nuestro cuerpo. Mientras que nuestra carne perece y se descompone, el espíritu luego de muertos, realiza un viaje que puede tener tres direcciones. La primera dirección y a la que postulan los mártires, santos y religiosos, es el Cielo. También es posible que las almas queden varadas en el Purgatorio hasta que dicha alma haya expurgado sus culpas y pueda ascender al Paraíso. Y por último, el infierno, lugar donde irremediablemente las almas sufrirán el suplicio eterno, quemándose para toda la eternidad en las llamas infernales. Por todo esto, el martirio para un hombre religioso, no es más que un episodio, un momento de real reafirmación de su fe y de eterna reconciliación con Dios. La persona martirizada sufre grandes perversiones de su cuerpo. Latigazos, cortes, quemaduras, decapitaciones, todas las más siniestras ideas que podamos imaginar para hacer sucumbir, mediante una dolencia física, la fe del cristiano. Pero el mártir prefiere sacrificar su vida, que es sólo un episodio de la eternidad que le ofrece Dios, antes de ser infieles a El y a sus convicciones.

No podemos dudar que al comienzo de una tortura física, el cuerpo comienza a sufrir inimaginablemente. Pero el mártir fuerte, debe tolerar todo tipo de torturas. Sin duda también que un mártir, mientras es violentado, piensa solamente en el fin y en su entrega. Piensa en su recompensa por este sacrificio y tan sólo puede tener una cosa en la mente o su inconsciente su religión y su fe, que supera grandemente el momento de dolor. Mártir en griego significa testigo. Y esto se relaciona con la instancia de la tortura y lo que logra ver al final de su calvario. La conexión física que logra el mártir con la divinidad. No olvidemos que Jesús fue el primer mártir. Por lo tanto, el martirizado esta conectándose con las dolencias de Cristo, con el ser que admira y sigue fervientemente. El mártir, en su propio martirio es testigo de lo que vivió Jesús.

El mártir en su sacrificio ofrenda su propio cuerpo. El sacrificio “es el acto religioso por excelencia” . Continuamente los cristianos deben estar ofrendando y sacrificándose en su vida terrenal, siempre con la esperanza de ser compensados. El martirio es un caso extremo, tanto física como espiritualmente. En el martirio es evidente la conciencia de muerte que nos habla Bataille, pero también, en un punto de este gran castigo físico, el cuerpo ya no reacciona antes estas dolencias y su alma se sumerge en un éxtasis parecido al orgasmo. Si, en un éxtasis. El cuerpo ya no responde y el espíritu se sumerge en un placer. Su sacrificio será recompensado y el mártir, antes de morir descansa y se siente extasiado.



Como el martirio de San Sebastián en esta representación lo muestra. Luego de las grandes dolencias físicas el espíritu se libera del karma material y mental, del sufrimiento corpóreo y levantando la vista el mártir se entrega al éxtasis y a la cercanía divina. Algo ve, sin duda San Sebastián, hay algo en su mirada que se repite en otros mártires, un mensaje o esta siendo testigo de algo.

George Bataille considera que el erotismo en las religiones paganas tenía un factor determinante. Aunque el cristianismo delegue el erotismo a un plano mundano y pecaminoso, el éxtasis de los santos ante las visiones divinas o en el caso del martirio, en el sacrificio que llega al éxtasis a causa de despego del cuerpo y la ascensión al cielo también es una forma de erotismo.




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