En tu telaraña los hilos se enredan tu presa esta muerta teñida con silencio me quedaré contigo para siempre me arrodillaré a tus pies a tu voluntad completamente silenciosa
Cuando me muevo voy movida por ti Cuendo riges todo rige por ti En tu mundo sólo riges tú en mi mundo, sólo existes tú
En tu telaraña los hilos se enredan a tu voluntad completamente silenciosa...
Tus palabras son escalofríos que recorreren mi espalda estoy paralizada , sin forma en tu telaraña, en tu telaraña, mi sangre fluye lenta y roja como vino. El pasado esta destrozado por siempre. Yo sirvo tu voluntad, porque he sido magullada y golpeada, y cubierta porque he sido ordenada como tu amante...
Tenemos cierta certeza al enunciar este interés por lo sexual y esta conciencia de las primeras civilizaciones con respecto a este tema por las innumerables Venus y representaciones gráficas que dejaron en distintas cuevas. En esta época podemos encontrar imágenes con motivos decorativos explícitamente sexuales, hay figurillas con forma de los órganos tanto femenino como masculino o derivaciones de sus formas. Ya en el Paleolítico superior observamos una distinción entre sexo y género, por lo tanto, una diferenciación entre lo masculino y femenino. El arte mobiliario en la época del Paleolítico da en cuenta una serie de figurillas con notable contenido sexual. La representación del cuerpo femenino y de sus atributos nos deja entrever su interés por la anatomía y por la connotación que tenía la figura de la mujer.Recordemos las Venus del periodo auriñacienses, la tan mítica Venus de Willendorf y quizás cuantas otras que nunca conoceremos, pues el tiempo ya ha hecho de las suyas o simplemente han desaparecido. Detengámonos en la imagen de la Venus, observémosla detenidamente y miremos como nuestros antepasados dedicaron especial atención a sus pechos, representándolos en grandes dimensiones, resaltando toda la significancia que éstos conllevan. Nuestros antepasados del paleolítico y neolítico representan el cuerpo femenino como un recipiente mágico. Seguramente observaron su cuerpo como un contenedor y sustentador de vida, la leche que emanaba de sus pechos para alimentar a los recién nacidos, además de la capacidad misma de traer desde su cuerpo otros seres al mundo e indudablemente y, el tema que más nos compete en este trabajo, la capacidad de estas mujeres de lograr la erección del órgano sexual masculino y su capacidad para dar placer. Por todo esto, la mujer en los comienzos de la historia, fue una figura determinante en los cultos sagrados.
Además de la presencia de la mujer como una maravilla ante los placeres sexuales, la unión física entre mujer y hombre como fuente de vida, amor y placer, era tremendamente celebrada. Estas primeras celebraciones tenían claras connotaciones míticas y religiosas. Nuestros antepasados conmemoraban estas actividades placenteras dotándolas de significado divino. Tomando las palabras de Bataille debemos reconocer en este primer periodo de la humanidad, una conciencia de muerte que fortaleció indudablemente la idea de vida, placer y fertilidad, perpetuando y resistiéndose al final de sus días.
No podemos obviar la conocida Cueva de Lascaux, lugar donde se perpetuán las primeras creaciones artísticas, mágicas. Arnold Hauser afirma que el hombre-artista en la época de la prehistoria, el autor de los dibujos en las cavernas, sería además un profesional, y representar estas criaturas en las paredes de las cavernas tendría una finalidad mágica[1]. Hauser dice que “las personas capaces de realizar estas representaciones se les considera dotadas de un poder mágico”[2], por lo tanto allí, en los más oscuro de las cavernas de Lascaux, había todo un rito misterioso y mágico, encabezado por el artista-mago que representaba al hombre con el órgano sexual erecto cazando a un gran bisonte. Las cuevas prehistóricas, más que lugares habitables parecían ser santuarios, en donde se realizaban ritos sagrados. De hecho en estos recónditos lugares se encontraron dibujos tallados con forma de “V”, que eran representaciones de vaginas y vulvas. Ahí en la génesis de las prácticas religiosas es donde se vincula la excitación; el éxtasis y lo sagrado. Ahí es donde el artista-sacerdote o mago, el sacrificio de los animales y el éxtasis ritual toman las primeras aristas de lo que se irá repitiendo a lo largo de los siglos, y que aún nos acompañará hasta nuestros días. Con todo esto reforzamos la idea de que lo masculino y femenino era considerado como una unión sagrada. Riane Eisler en su libro Placer Sagrado nos dice que en el periodo paleolítico eracelebrada una deidad femenina, y la forma de acercarse a ella era mediante el sexo. Losritos además pudieron tener una fecha específica como lo dice Riane Eisler en su libro:
“Es muy probable que en nuestra prehistoria haya habido ritos eróticos sagrados en ocasiones religiosas importantes como el regreso anual de la primavera a principios de mayo, donde la unión femenino y masculino, o de hombre y mujer, se celebraba como Epifanía o manifestación sagrada de los misteriosos poderes que dan y sustentan la vida”[3]
Por lo tanto, la unión masculino-femenino eran parte importante de los ciclos de la tierra y de la vida y su alianza eran parte de un sacramento. Lo que más nos impresiona, es que con el pasar del tiempo la religión cristiana haya ido desacralizando, y más aún, condenando las prácticas sexuales.
[1] Hauser, Arnold. Historia social de la literatura y el arte. Tomo I. Ediciones Guadarrama, Madrid, 1962, p. 35.
La figura del mártir es emblemática cuando nos referimos al erotismo religioso, Para comprender la relación que existe entre erotismo, religión y sacrificio, primero debemos definir que estamos entiendo por mártir. Y no cualquier mártir, hablamos aquí del mártir cristiano.
El mártir es aquella persona que sufre una muerte para dar testimonio de una vida religiosa o, más aún, de una práctica que deriva de esa verdad. El martirio se relaciona con la profunda fe que tiene alguien, esa fe es totalmente incorruptible y su grado de apego a esta creencia hace que en ningún caso pueda negarla, siquiera estando ante una tortura física. La religión cristiana, como bien sabemos, delega la vida terrenal y los placeres físicos, pues lo único que asciende al cielo y, por ende, a Dios es el espíritu. Materia incorpórea que acompaña a nuestro cuerpo. Mientras que nuestra carne perece y se descompone, el espíritu luego de muertos, realiza un viaje que puede tener tres direcciones. La primera dirección y a la que postulan los mártires, santos y religiosos, es el Cielo. También es posible que las almas queden varadas en el Purgatorio hasta que dicha alma haya expurgado sus culpas y pueda ascender al Paraíso. Y por último, el infierno, lugar donde irremediablemente las almas sufrirán el suplicio eterno, quemándose para toda la eternidad en las llamas infernales. Por todo esto, el martirio para un hombre religioso, no es más que un episodio, un momento de real reafirmación de su fe y de eterna reconciliación con Dios. La persona martirizada sufre grandes perversiones de su cuerpo. Latigazos, cortes, quemaduras, decapitaciones, todas las más siniestras ideas que podamos imaginar para hacer sucumbir, mediante una dolencia física, la fe del cristiano. Pero el mártir prefiere sacrificar su vida, que es sólo un episodio de la eternidad que le ofrece Dios, antes de ser infieles a El y a sus convicciones.
No podemos dudar que al comienzo de una tortura física, el cuerpo comienza a sufrir inimaginablemente. Pero el mártir fuerte, debe tolerar todo tipo de torturas. Sin duda también que un mártir, mientras es violentado, piensa solamente en el fin y en su entrega. Piensa en su recompensa por este sacrificio y tan sólo puede tener una cosa en la mente o su inconsciente su religión y su fe, que supera grandemente el momento de dolor. Mártir en griego significa testigo. Y esto se relaciona con la instancia de la tortura y lo que logra ver al final de su calvario. La conexión física que logra el mártir con la divinidad. No olvidemos que Jesús fue el primer mártir. Por lo tanto, el martirizado esta conectándose con las dolencias de Cristo, con el ser que admira y sigue fervientemente. El mártir, en su propio martirio es testigo de lo que vivió Jesús.
El mártir en su sacrificio ofrenda su propio cuerpo. El sacrificio “es el acto religioso por excelencia” . Continuamente los cristianos deben estar ofrendando y sacrificándose en su vida terrenal, siempre con la esperanza de ser compensados. El martirio es un caso extremo, tanto física como espiritualmente. En el martirio es evidente la conciencia de muerte que nos habla Bataille, pero también, en un punto de este gran castigo físico, el cuerpo ya no reacciona antes estas dolencias y su alma se sumerge en un éxtasis parecido al orgasmo. Si, en un éxtasis. El cuerpo ya no responde y el espíritu se sumerge en un placer. Su sacrificio será recompensado y el mártir, antes de morir descansa y se siente extasiado.
Como el martirio de San Sebastián en esta representación lo muestra. Luego de las grandes dolencias físicas el espíritu se libera del karma material y mental, del sufrimiento corpóreo y levantando la vista el mártir se entrega al éxtasis y a la cercanía divina. Algo ve, sin duda San Sebastián, hay algo en su mirada que se repite en otros mártires, un mensaje o esta siendo testigo de algo.
George Bataille considera que el erotismo en las religiones paganas tenía un factor determinante. Aunque el cristianismo delegue el erotismo a un plano mundano y pecaminoso, el éxtasis de los santos ante las visiones divinas o en el caso del martirio, en el sacrificio que llega al éxtasis a causa de despego del cuerpo y la ascensión al cielo también es una forma de erotismo.
“En estas islas hay muchas gentes diferentes (…) viven gentes feas de forma y naturaleza maligna, sin cabeza y con los ojos en la espalda, y en medio del pecho, una boca torcida como una herradura”
Mandeville, Libro de las maravillas.
“En estas islas fasta aquí no he hallado ombres mostrudos, como muchos pensaban, más antes es toda gente de muy lindo acatamiento”
Carta de Cristóbal Colón a Luis de Santangel, febrero de 1493.
Introducción:El ser diferente, no es algo que nos asombre. A pesar de que pertenecemos a un mismo género humano, podemos ver que distamos muchas veces unos de otros. Nuestro color de piel, de ojos o nuestras formas faciales nos diferencian, a veces, sutilmente. Sin embargo, muchas veces existen diferencias radicales que nos distinguen de los demás. En estos casos, ya no sólo hablamos de nuestra piel o nuestra altura, nos referimos a alteraciones que van desde tener más de dos ojos o solamente uno; varios brazos, o partes del cuerpo enormes. El hombre antiguo no ha sido menos curioso ante este tipo de temas. Muy meticulosamente se dedicó a catalogar e investigar las diferencias que imaginaban, existían entre los hombres conocidos y los desconocidos. Este ensayo pretende hacer un esbozo sobre la imagen del otro respecto sus inicios en el imaginario europeo, hasta el encuentro con el hombre diferente que se produce en el Descubrimiento de América. Para llevar a cabo mi tarea, decidí dividir mi ensayo en tres partes. La primera de ellas la he titulado Geografía de un hombre diferente: La ecúmene, este apartado nos acerca hacia el tema de la división geográfica en la Antigüedad y cómo esta división territorial influye notoriamente en la imagen del otro. La segunda parte, Persistencia de los seres fabulosos: El imaginario de los conquistadores, es un acotado catalogo de criaturas que estaban impregnadas en el imaginario del conquistador europeo. Me pareció importante incluirlo, pues debemos tener en cuenta las ideas preconcebidas sobre los habitantes de estas nuevas tierras que tenían los conquistadores. El último apartado de mi ensayo se titula Cristóbal Colón y los seres maravillosos, donde escribo sobre el encuentro de estos dos mundos, donde Colón desmitifica todas aquellas leyendas que tantas veces escucho en sus tierras.
Geografía de un hombre diferente: La ecúmene.
El hombre Otro, ha tenido desde tiempos inmemoriales un sitio particular y relegado. El hombre, el Otro, ha tenido histórica y geográficamente una ubicación definida. Este esquema geográfico fue originario del Cercano Oriente, y más tarde fue retomado y perfeccionado por los griegos, se trata de las zonas habitables u oikuménë (ecúmene). En sus orígenes la ecúmene tenía forma circular o rectangular, consistía básicamente en una isla rodeada por un el río Océano[1] que sus límites daban espacio a lugares desconocidos, donde a su vez, eran habitados por seres maravillosos, prodigiosos o anormales. A partir del siglo VI a.c “los sabios asumieron la responsabilidad del mundo”[2], y modificaron algunos aspectos de esta concepción ecuménica, pero manteniéndose bajo la misma base. Al interior de la isla rodeada por este río Océano se encontraban tres contenientes: Europa, Asia y África. Además de estas especificaciones no ocurrieron grandes cambios. Dentro de la ecúmene estaban todas las condiciones climáticas para que la vida del hombre fuera perecedera y satisfactoria. El resto de las zonas eran no habitables porque en ellas había componentes climáticos que harían intolerable su habitabilidad. Entre más se alejaban estas tierras no habitables del centro ecuménico, su alteridad era más radical y se manifestaba más claramente. El frío y el calor, hacían que los seres que habitaban en estas zonas tuvieran un aspecto mucho menos parecido a los habitantes de las zonas céntricas como Grecia. Esta teoría climática ensalzaba los territorios que estuvieran más al centro, mientras que los que se iban alejando de él, eran o siempre fríos o siempre calurosos en extremo. Por lo tanto, la zona templada era la única que podría ser habitada satisfactoriamente.
En la época medieval el rigor científico fue declinando, el estudio de las manifestaciones de cualquier tipo estaban ligadas a aspectos doctrinales, a explicaciones que tenían su centro en la religión y más aún en el cristianismo. La descripción cosmográfica del mundo estaba regida por aspectos legendarios, simbólicos y religiosos. Así todo aquellos avances científicos heredados por la época clásica fueron olvidados ingenuamente. Por esto mismo, las zonas habitables y no habitables se tradujeron en zonas cristianas y no cristianas, que en potencia podrían ser cristianizables. San Agustín, en su libro La Ciudad de Dios, obra fundamental de la ideología cristiana occidental, escribe sobre la existencia de un hombre distinto al conocido. San Agustín comienza con la hipótesis de que no necesariamente es cierta la existencia de humanidades fabulosas, a pesar de los muchos libros y comentarios que circulaban en la época. Luego dice es posible la existencia de hombres diferentes a los conocidos por todos, hombres que sean otro tipo de humanos, “Dios es el creador de todo, El sabe lo que hay o no habría que crear y dónde y cuando, pues El posee la ciencia de toda la belleza, la que se manifiesta sea por lo semejante, sea por lo diferente”[3]. Por último San Agustín concluye con que siempre y cuando el hombre estuviese provisto de razón, puede ser considerado dentro de la familia humana, y por lo tanto podría ser un hombre cristiano, pues esta capacitado para comprender los preceptos sagrados. San Agustín dice que la existencia de un hombre diferente no debe ser juzgado por su calidad carnal, sino por su espíritu. Teniendo espíritu y razón, el hombre diferente no ecuménico, podía formar parte de la familia humana. Por lo tanto, todo hombre diferente, siempre que este regido por la razón, puede estar dentro de las consideraciones de la Iglesia. Este punto será importante, como antecedente de Cristóbal Colón y más tarde, con las resoluciones de la Iglesia con respecto a que los salvajes sí tienen alma y pueden/deben ser cristianizados.
La curiosidad del hombre por conocer que había en aquellas zonas no habitables lo ha llevado a imaginar seres espectaculares. Pero los aventureros no se han quedado solamente en la imaginación. Por lo mismo, personajes como Heródoto o Plinio el Viejo, se interesan por las tierras inhóspitas de la periferia del mundo. El hombre medieval sintió la necesidad de crear un catastro de todos estos seres distintos que se encontraban en los lugares límite del mundo conocido. La pregunta por la existencia en otras regiones de animales u hombres diferentes a los conocidos fue reiterativa. Tenían claro que en África e India había animales distintos de los conocidos en Europa. Pero no se detuvieron sólo en imaginar si existían ciertamente estos animales u hombres, además había algo que los intrigaba mucho más, la apariencia de éstos. Lamentablemente para estos hombres de gran curiosidad, muchas veces la corroboración fáctica de la existencia de estos seres distintos no fue posible. Sin embargo, su imaginación no declinaba y tampoco negaban totalmente la existencia de éstos, más bien seguía corriendo la voz y seguía estableciéndose un imaginario medieval con respecto a estas criaturas. Lucian Boia en su libro “Entre el Ángel y la Bestia”habla del hombre diferente siempre desde el Principio de Elusividad, que se relaciona muy estrechamente con lo que he comentado antes. Boia dice que “el hombre diferente es como los aparecidos: todos hablan de ellos, pero pocos los han visto”[4]. Todos hablan de ellos sin haberlos siquiera visto, estamos entonces dentro del ámbito de la creencia, de la fe si se quiere, de alguna manera todos quieren creerlo y por ello persiste. Real o no, el hombre diferente ya esta arraigado en el imaginario de aquella época. Esta persistencia puede reflejarse en los siglos que transcurrieron entre los compendios de la Antigüedad que trataban estos temas y los bestiarios medievales. Estas informaciones provienen de fuentes como relatos de embajadores, viajeros, comerciantes[5]. Lo más sorprendente de estos textos es que no fueron escritos con una conciencia de la repercusión que tuvieron. En ningún momento, estos personajes afirman que ciertamente las criaturas prodigiosas de las que hablaban habían sido vistas por sus propios ojos. Más bien eran escrituras que documentaban historias que habían escuchado sobre ciertas bestias o seres maravillosos. Los bestiarios medievales, una fuente que nutre bastamente el imaginario de la época se basan de las informaciones de Physiologus, Isidoro de Sevilla, Plinio el viejo, del Antiguo Testamento y del Nuevo testamento. Todos estos escritos se arraigaron en la mente de los habitantes europeos y se fueron expandiendo por toda Europa. Y más aún, fueron los documentos que respaldaban a los conquistadores en la época de los descubrimientos.
Persistencia de los seres fabulosos: El imaginario de los conquistadores.
Los conquistadores tenían una serie de seres fabulosos en su imaginario, en los cuales me detendré a describir sucintamente para que tengamos una idea de lo que éstos esperaban ver en las tierras vírgenes descubiertas y que, como en la segunda parte de mi trabajo veremos, no tuvieron el placer de conocer.
El grifo:
Este ser es un pájaro león. La idea de su forma se conservóde la tradición figurativa mesopotámica, egipcia, clásica y europea. Los grifos aparecen como custodios de las regiones ricas en oro y piedras preciosas: patrullaban el cielo y se lanzaban contra quienes osaban perturbar la paz de aquellas tierras de misterio[6]. Con respecto a la imagen del glifo en el imaginario del conquistador, podemos ligar la creencia que se tenía que las zonas no habitables eran además zonas de gran riqueza, donde estaban situados el oro y las más exóticas especies. Por esto, de forma conjetural, podemos relacionar la función del glifo como un guardián de riquezas con esta idea de tierras ricas que presumían de las zonas no habitables.
Ave-roc o Ave grande:
Pájaro de gigantescas proporciones, emparentado con los grifos griegos. Debe su fama a su aparición en la historia de las Mil y Una Noches. Marco Polo lo menciona también en su libro cuando habla de la isla de Madagascar.
Ave fénix:
Se trata de un animal simbólico, que representa una visión cíclica de la historia del mundo. este pájaro se caracteriza por su capacidad de renacer cada vez que es inmolado. Según el bestiario el ave fénix se inmola mirando hacia el sol, para después renacer de sus propias cenizas.
El Dragón:
Del termino latino Draco, es aplicado para referirse a las serpientes de gran tamaño. Fue usado para designar a bestias terribles e implacables que fueron combatidas por héroes legendarios. El Libro de Job describe al Leviatán, y esta forma será el prototipo de la imagen de este ser fantástico en Occidente. Su iconografía ha sido prolífera, pero siempre se levanta en base a ciertos aspectos como lo son su forma básica de serpiente, garras, alas, lenguas de fuego, a veces con varias cabezas. En América las Iguanas fueron por un tiempo admiradas con pavor, pero luego fueron incluidas en su dieta alimenticia.
El Basilisco:
Rey de las serpientes nace de un huevo de alguna de estas que es encubado por un sapo.Su forma ha sido variada durante el tiempo, pero básicamente se representa con patas de gallo y cola de serpiente, mientras que su cabeza termina en una corona.
Monstruos marinos:
Debemos imaginar que para los navegantes y conquistadores de las nuevas tierras, las criaturas que le provocaban mayor terror fueron los animales marinos.
Arpías y sirenas: Ambas de naturaleza femenina, la Arpía es la representación de un pájaro con cabeza de mujer.Con el pasar del tiempo adoptaron connotaciones de maléficas con afiliadas garras. Las sirenas por su parte en su origen se asemejan a las arpías. Conocidas actualmente como seres mitad mujer, mitad pez, también han sido representadas como mitad pez. Con sus voces y su gran belleza atraían a los marinos a la perdición.
El Unicornio:
Plinio el Viejo lo definió como una fiera, con cuerpo de caballo, cabeza de siervo, patas de elefante y cola de jabalí.Un largo cuerno negro, se eleva en medio de su frente.[7] Con el tiempo las connotaciones violentas del unicornio fueron desapareciendo, y finalmente lo conocemos como un ser más bien pacífico e inofensivo, y de grandes cualidades curativas, en particular por su cuerno.
Hombre sin cabeza:
Serespredilectos dentro del imaginario europeo.Acéfalos, tenían su cara en el pecho. Cuando la creencia en estos seres decaía en lugares como África y Asia, tuvo un nuevo punto de partida en el Nuevo Mundo. Desde el imaginario medieval hasta América, los acéfalos perduraron en la imaginación humana.
Los esciápodes:
Hombres que poseen tan sólo un pie. Su único pie es de dimensiones tremendas y puede utilizarlo incluso como sombrilla. Su habilidad y destreza para saltar es enorme y nadie puede alcanzarlos.
Los Panotti:
Hombres de grandes orejas. Sus orejas son tan grandes que pueden cubrirse sus hombros y sus brazos. Antonio Pigafetta relata haber visto en un grupo de islas de Indonesia a seres de grandes orejas, cuando en 1522 la expedición da la primera vuelta al mundo.
Cristóbal Colón y los seres maravillosos.
Cristóbal Colón había tomado muchas notas que referían a estos seres prodigiosos que poblaban las diferentes zonas desconocidas del mundo.Debía estar informado de las criaturas que presumiblemente se encontraría en su viajeen busca de las Indias. A pesar de que la producción del imaginario que habían perpetuado estos personajes de grandes orejas o carentes de cabeza, había sido producido hacia ya bastantes años de distancia con respecto al contexto de este navegante español, este imaginario permaneció casi intacto. Aunque muchas de las imágenes sean sólo una repetición de lo que dijeron alguna vez unos cuantos, “la imaginación humana es capaz de exagerar los rasgos, declinar los colores, deformar y mezclar elementos (…)”[8]. Colón no niega haber visto, divisado o al menos haber tenido alguna noticia respecto a estos personajes. Reales o no, estas criaturas debían tener algún tipo de asidero en lo conocido, por más mínimo que fuere.
Colón tiene como referente fundamental en lo que respecta a la descripción de bestias el Ymago Mundi de Pierre D’Ailly. Preparado para enfrentarse a aquellas bestias, dudo que Cristóbal Colón no haya sentido alguna suerte de frustración al encontrarse con la ausencia de los seres que por siglos fueron temidos en Europa. Los conquistadores europeos viajaban con miedo, atravesando el Océano Pacífico con la cierta idea de una eventual aparición de algún monstruo marino. Ante esta decepción, la época de los descubrimientos tuvo dos funciones, una de ellas fue conocer más la tierra, llegando a superficies de la Tierra incógnitas hasta ese momento y también sirvió para desmitificar la idea de que en las zonas no habitables abundaban extraños seres.
12 de Octubre de 1492 es la fecha clave donde el hombre conocido y hombre diferente se verían las caras. Este es el primer momento donde el hombre, Otro, entra en el escenario de manera real. Antes sólo estábamos ante especulaciones y situaciones imaginarias. Sin saberlo, Colón había llegado a la zona no habitable donde debían aparecer todos esos seres que estudió desde el Ymago Mundi. Pero antes de encontrarse con cualquier animal prodigioso, Colón se encontró con una serie de hombres iguales que él, cuyo rasgo peculiar, a primera vista fue su desnudez. Así como él mismo menciona en su Diario de viaje “luego vinieron gente desnuda (…)” y debo hacer hincapié, en que Cristóbal Colón no uso ningún término distinto para referirse a estos nuevos seres que acaba de descubrir. No dijo ni bestias, ni monstruos, uso el sustantivo “gente” para referirse a los “indios” (equivocadamente bautizados por él). Con el tiempo, Colón pudo cambiar de opinión con respecto a estos indios, pero en una primera instancia tenía la siguiente declaración para con ellos:
“Más me pareció que era gente muy pobre del todo, andan todos desnudos como su madre los parió, y también las mujeres, aunque no vide más de unas harto moza, y todos los que vi eran todos macisos, que ninguno vide de edad demás de trinta años” [9]
Y continúa:
“Muy bien hechos, de muy hermosos cuerpos y muy buenas caras”[10]
Y refiriéndose explícitamente a los supuestos monstruos, dice:
“Ninguna bestia de ninguna manera vi, salvo papagayos en esta isla”[11]
“Bestias en tierra no vide ninguna de ninguna manera, salvo papagayos y lagartos. Un mozo me dijo que vió una grande culebra, ovejas ni cabras ni otra ninguna bestia ví”[12]
Al parecer, el Nuevo Mundo trajo consigo solamente un nuevo tipo de hombre, el hombre salvaje, que de monstruoso no tiene nada. Dos piernas, dos ojos, dos brazos, la cabeza donde corresponde y nada de tan exagerado tamaño, esos son los hombres que habitan el tan esperado antípoda. Otro nuevo tópico es el salvaje americano, pero hasta aquí ninguna bestia ha aparecido.
[1] Boia, Lucian. Entre el ángel y la bestia. Editorial Andrés Bello. 1997, Santiago, Chile. Pág. 39
[5]Magasich, J. De Beer, Jean-Marc. América Mágica. Mitos y creencias en tiempos del descubrimiento del Nuevo mundo. LOM ediciones, 2001, Santiago de Chile. Pág. 165.
Un tema que me interesa sobremanera, son las ilustraciones y dibujos de los siglos XV, XVI, XVII, donde son representadas diferentes tipos de seres mosntruosos, que suponen ser los habitantes de las zonas excluídas de la ecumene medieval. Seres que viven en las zonas no habitables del planeta, que por razones de calor o frío los europeos consideraron que no eran aptas para la sobrevivencia, pero allí se encuentran los seres más extraños y las riquezas más tentadoras. Y lo más fascinante, es que aún después de la llegada de Colón a América, luego de desmentir tal enunaciado sobre el Otro mitad bestía, mitad humano, siguen circulando libros que ilustran esta imagen del otro como seres míticos y pavorosos.
Para definir la disciplina denominada Estética debemos tener algunos puntos en cuenta.Considerándo la raíz etimológica de la palabra proveniente del griegoαἰσθητικός (aísthêsis) que significa sensible o sensibilidad, es pertinente por lo tanto, pensar este término ligado a la percepción y apreciación. Indisociable es también, entender el concepto desde Lo Bello. Al entenderlo como una disciplina y si lo relacionarmos con la belleza, el primer acercamiento de lo que podriamos definir como Estética sería una ciencia que se ocupa de cuestiones en torno a la belleza y otras cualidades del arte, como lo son Lo feo, Lo siniestro, Lo sublime, Lo grotesco.
Estética como una disciplina relfexiva, está más ligada a la filosofía que a las Bellas Artes. Es una ciencia reflexiva y disciplinar en la cual se articulan un conjunto de conceptos, categorías y problemas específicos dentro del campo del Arte. Esta disciplina es un campo de conocimiento que tiene sus propias modalidades enunciativas. Constituye una práctica reflexiva con la cual podemos analizar las modalidades con las que configuramos nuestra experiencia del mundo. La Estética se ocupa de los campos más contingentes del arte, plantea teorías enfocadas al objeto artístico que pretenden dar explicación a problemáticas no menores del mismo campo. Estas enunciaciones hacia el arte también pueden ser compartidas hacia la naturaleza y el hombre. La ciencia Estética se encarga, por sobrtetodo, de la experiencia sensible como la a priori. Y, finalmente al estar ligada con el orden sensitivo tiene estrecha relación con nuestro cuerpo.
Las tres Gracias Peter Paul Rubens, 1625-1630. o/t 221 cm x 181 cm Museo del Prado, Madrid, España.